29
Feb
2008
A las siete de la mañana sonaba el despertador. Llegaba el momento de la verdad. La mañana se presentaba algo frÃa y nublada. HabÃa que prepararse para bajar a desayunar, recoger las cosas y subir a Grau Roig. Joder, ni para trabajar madrugo tanto, pero esta vez no me importaba porque a pesar de los nervios ─aunque ya habÃa esquiado en otra ocasión─ tenÃa ganas de subir a la montaña y pasar de nuevo por Soldeu, donde trabajamos Lourdes y yo hace ya unos cuantos años.
El desayuno
Como en todos los hoteles en los que he estado, el desayuno tipo buffet no me acaba de convencer. Entre el zumo de naranja de la NASA, la leche aguada de máquina y el pan quemado, esa mañana apenas comà nada. Si me entraba hambre ya me meterÃa en algún garito de las pistas ─los llamados cubiles─. Esto de pasar mas tiempo en los cubiles que en las pistas de esquà lo tenÃa bastante claro debido a que todavÃa tenÃa la lesión muscular en el pecho, asà que no iba con mucha idea de esquiar a tope. Más bien debÃa tener mucho cuidado de no salir peor parado y evitar llegar a Madrid más jodido de lo que iba.
Llegaba el momento. El autobús vendrÃa en breve a recogernos asà que nos echamos los bártulos y bajamos al hall del hotel. Allà estábamos todos, o casi todos esperando a que llegara el bus. Y como no, un cigarrito ya que es lo mejor antes de hacer algo de deporte… ─es broma─.
El trayecto a Grau Roig
TardarÃamos en llegar a Grau Roig unos 45 minutos. Durante el trayecto aprovechamos para ponernos un poquito de crema en la cara y asà evitar quemarnos. Al poco, Fernando me ofreció unas pastillas de vitamina C. Yo pensaba: ─Dios! ¿dónde me he metido!?─. No sabÃa de qué iba todo aquello. Yo sólo querÃa esquiar un rato, pero empezaba a notar que habÃa gente con mucha experiencia y yo me sentÃa como un verdadero ignorante. Le pregunté a Fernando por esas pastillas. Tal y como imaginaba, me aclaró que unas vitaminas no vienen mal para reforzar. Mis conocimientos sobre el cuerpo humano y el deporte son nulos. Nunca es tarde para aprender de uno mismo y en el resumen de este viaje ya os contaré por qué, pero he de decir que he aprendido algo…y no a esquiar precisamente.

Lourdes impaciente por llegar…o eso parece
Soldeu seis años después
Pasamos por Soldeu y tuve una extraña sensación al ver de nuevo el hotel en el que trabajé hace seis años. Aquello habÃa cambiado, aunque no mucho. Sobre todo eché de menos verlo todo nevado. En mi memoria siempre guardaré el recuerdo del invierno que pasé en Soldeu como lo más parecido a vivir en Cicely ─el pueblo de Dr. en Alaska─.
Aspecto del hotel Piolets, donde trabajé hace unos años
La hora habÃa llegado
Montañas repletas de nieve. Lourdes me dice: ─¿ves aquello? pues ahà es donde vamos─. Directos al parking de Grandvalira y todos a bajar del autobús. Llegaba el espectáculo más esperado: ponerse las botas de esquÃ. No era mi primera vez, pero apenas recordaba la sensación de caminar ─si es que se puede llamar a eso caminar─ con las botas de esquà puestas. DebÃa ser por los nervios pero no paraba de reÃrme al observar la forma de andar de cada uno de nosotros. ParecÃamos una legión de Benders a la caza de humanos.

Las botas culpables de andar como robots
Antes de nada habÃa que organizar los grupos. Obviamente, yo estaba en el de los debutantes. Fue entonces cuando los más expertos ─como Lourdes y compañÃa─ salieron zumbando para hacerse una bajadita de calentamiento antes de empezar las clases. Me quedé solo con gente que no conocÃa de nada. Miraba a mi alrededor y veÃa a los otros pardillos como yo buscando una cara amiga. De repente y mirando al infinito alguien parecÃa hablarme. Me quité las gafas y dije: ─¿me dices a mÃ?─ Joder, con tanto disfraz era imposible reconocer ni de casualidad a nadie. Era Feli, la novia de Raúl ─mi ex-compañero de VÃa Digital─ que en efecto, se dirigÃa a mÃ. Por fin! ─pensé─ alguien con quien hablar. Como también era debutante y se notaban los nervios estuvimos charlando un rato hasta que apareció nuestra monitora. Se llama Alejandra y es argentina ─muy raro por allÃ─. Sus palabras fueron: ─chicos, cojan las cosas y sÃganme─. Y la seguimos. Nos llevó a la pista más cercana y más pequeña de todas ─la misma pista de la cual yo no pasarÃa en toda la semana─. Era, como no, la pista para los principiantes.

Aspecto de las pistas al llegar
Aspecto de las pistas al llegar
Comienza la clase
No me extenderé a contar cada paso de la clase. Aunque yo tuviera ciertas nociones ─ya que tenÃa experiencia de un solo dÃa de esquÃ─ aquello me vendrÃa muy bien para aprender desde el principio. Las clases eran de dos horas diarias. Pues bien, no pasé de la primera media hora. No podÃa más. TenÃa taquicardias de tanto subir a media pista y a pelo con los esquÃs puestos. El sol me estaba achicharrando. No conocÃa a nadie. No sabÃa como salir de allÃ. Asà que me quité los esquÃs, y estando de pié, estuve durante un buen rato observando. La monitora me preguntó y le contesté que no podÃa más. Toda mi resistencia fÃsica se reducÃa a esa media hora. Abandoné. Cogà el equipo y me fui al cubil que estaba allà mismo para tomar algo, descansar y de paso tranquilizarme de mi frustración. Casi podrÃa decir que hasta aquà habÃa sido mi aventura con el esquÃ. Tuve casi una hora y media para reflexionar sobre lo que me acaba de pasar hasta que llegó Lourdes.
Después del intento…
No hacÃa mas que darle vueltas a la cabeza de cómo era posible que con treinta y un años pudiera estar tan jodido. Era cierto que tenÃa todavÃa la lesión en el pecho, pero no era el caso. La razón de mi abandono fue porque no tenÃa ningún tipo de resistencia fÃsica. Es normal teniendo en cuenta que desde los diecisiete años no hago deporte, fumo un paquete de tabaco diario y llevo casi diez años currando delante de un monitor. Mal vamos. Lourdes me animó a esquiar después de comer. Le dije que lo intentarÃa. Asà que cogimos las cosas y nos subimos al otro cubil donde tenÃamos el comedor.

Lourdes con sus bolitas de nieve
Como me sentÃa sin fuerzas subimos por la cinta transportadora de la pista pequeña. Lamentable. Aprovechamos para sacarnos unas fotillos y como era pronto para comer nos metimos a tomar una cervecilla. Allà nos encontramos con Berni. VenÃa del centro médico de las pistas con la mano escayolada. Tuvo una caÃda muy dura y se lesionó el pulgar de una mano junto con algunas heridas en el brazo. Pero como un auténtico machote, se fue a la tienda y se compró unos guantes que le cupieran bien con la escayola para poder seguir esquiando. Eso si que era resistencia.

Recuperándome de la clase
La comida
ParecÃa que la cerveza me habÃa animado algo, pero cuando me vi en la cola para coger la comida creo que mi deseo era llegar al hotel y tumbarme en la cama. Me vino un bajón tan grande que se me quitó el hambre. Hice por comer, pero al final apenas la probé. La gente me preguntaba que tal la clase y yo decÃa: ─ha ido de cojones! …media hora y listo!─. Lourdes, nuevamente me animó para que hiciera un par de bajadas. Y menos mal porque si no hubiera sido por ella esa misma tarde hubiera abandonado. En el fondo me jodÃa tanto pensar que no aguantarÃa aquello que me impuse intentarlo de nuevo.
La “milagrosa” recuperación
Empecé a pensar que mi paranoia de todo aquel mal rollo se debÃa al cansancio ─ya que apenas habÃa descansado desde tres dÃas atrás─, los nervios, el cambio de presión y la misma presión al verme sólo frente a todo aquello. Asà que Lou y yo nos calzamos los esquÃs y subimos por la manta para bajar la pista pequeña. Yo sabÃa que la bajarÃa con facilidad puesto que la vez que esquié con Fernando en Valdesqui lo hice por pistas mucho más jodidas y sin experiencia alguna…y lo hice muy bien, por cierto. Pero eso si, habÃa pasado mucho tiempo desde eso y los nervios son inevitables. El caso es que esa primera bajada sin presiones de nadie me sentó de maravilla. Me recuperé en el mismo instante en que terminé de bajar la pista. QuerÃa repetir y asà lo hicimos. Fue muy poquito tiempo, ya que se acercaba la hora de ir hacia el autobús para volver al hotel, pero me supo a gloria. HabÃa recuperado la ilusión de nuevo y sobre todo lo más importante en estos casos, la seguridad en mi mismo.

En pose de “esquiador total”
De vuelta al hotel
Una vez dentro del autobús ─omitiré los detalles de cómo nos quitamos de nuevo parte del disfraz antes de subir al bus─ unos hablábamos con otros de cómo se habÃa dado el dÃa. Yo procuraba no decir nada ─a parte. estaba reventado─. PreferÃa no tener que dar explicaciones pero cuando decÃa que no duré ni media hora en la clase las preguntas se hacÃan inevitables. Estábamos machacados. En general creo que todos lo pasaron bien. Eso si, yo solo veÃa caras de “estoy deseando llegar al hotel porque no me tengo en pié”.

Pepe dejando parte del equipo en el maletero del bus

Lourdes, sonriente después de un duro dÃa
Antes de la cena…y durante la misma
De esta parte también omito algunos detalles. Son tantos que no los recuerdo todos. ─¿Ves Lourdes? no tengo tan buena memoria─. Al llegar al hotel pasamos por la farmacia y por un súper para comprar algunas cosas. Siempre es bueno tener algo de comida y bebida en la habitación. Tuvimos que pedir la llave del mini-bar y para ello solicitaban una fianza de veinte euros. Y es que ya nos conocen! saben que acabamos con el mini-bar en un dÃa. Pues eso, ducha, cervecita en la room y a cenar. Esta vez nos tocaba a las ocho y cuarto. Estábamos tan cansados que se agradecÃa saber que nos acostarÃamos pronto para descansar todo lo posible ya que al dÃa siguiente nos esperarÃa una nueva paliza.
…Que ¿que cenamos ese dÃa? de nuevo, ni idea pero sé que cené bien y con ganas. El poco deporte ─junto con el estrés que vivà ese dÃa─ lo noté muchÃsimo. Recuerdo que esa noche cenamos Lou y yo los dos solos. Maru y Pepe llegarÃan mas tarde ya que habÃan salido de compras por el centro de Andorra. Viene al caso que Mónica, la guÃa turÃstico nos comentó al bajar de las pistas que la meteo para el dÃa siguiente estarÃa algo jodida. Se preveÃa mal tiempo asà que Lourdes le encargó a Pepe que le comprara unas gafas de ventisca ─muy chulas, por cierto─.
Eso si, antes de irnos a dormir, como no, otra cervecita. ─¿Salimos por ahi?─ Pues no. Asà que nos la tomamos nuevamente en el bar del hotel. Como nos querÃamos subir ya que estábamos destrozados y yo tenÃa la cerveza a medias optamos por llevarnos la copa a la habitación. Menudo espectáculo montamos para subirla sin que nos viera la recepcionista. Ni de coña dejaba yo esa cerveza a medias!

Me llevé la cerveza …y me preparé para la ventisca
La conclusión
Fue un dÃa duro para mÃ. Me di cuenta de muchas cosas, entre ellas que no sólo no puedo estar en baja forma, sino que no quiero. Me gustó esquiar esa tarde, aunque solo fuera un ratito en una pista pequeña para principiantes. La mala experiencia de esa mañana también me servirÃa para intentar dar ánimos a otros que como a mi, también les hizo falta en dÃas posteriores.
Continuará…




(5 de 5)



(5 de 5)



(5 de 5)



(5 de 5)



(5 de 5)![]()
2 Comentarios a "Dia 2 del Viaje a Andorra *Esqui+Snow08*"
Joder, que GUAPA está la Lourdes… sigo sin entender que ha visto en un deforme enclenque, palillo humano como tu. (qué le darás wapeton).
Lo tuyo y tu fÃsico (juas, juas, juas) va más allá de tu falta de ejercicio. Es genético. Tu naciste para Chaman, no para cazador. Que con esos ojazos y esas pestañas y ese peaso de narizota (y ese peaso de…) estás diseñado para bailar y colocarte con hongüitos alucinogenos alrededor del fuego.
Sigue, sigue…
AJajajajaajajaja…lo mÃo y mi fÃsico va mas allá de toda explicación humana. Eso si, espero poder cambiarlo. Y si, Lourdes está muy guapa la jodÃa. Por cierto…¿Chamán? Jajajaajajaa….me meo. En fin, que todavÃa no ha terminado el viaje. Veremos que pasa en los próximos dÃas. Espero poder sacar tiempo hoy para narrar el dÃa 3.
Besitos…
Añade un comentario / Add a comment
(*) Required fields