2
Mar
2008
Esa mañana no recuerdo haber escuchado el despertador. Fue Lourdes la que me despertĂł a eso de las siete y cuarto. La noche antes ─teniendo en cuenta que el desayuno del hotel me habĂa entusiasmado─ habĂa acordado con ella que yo no bajarĂa y comerĂa algo en la habitaciĂłn de lo que habĂamos comprado el dĂa antes. AsĂ, de paso, podrĂa dormir un poco más. Como buena mujercita mĂa que es, cuando subiĂł del desayuno me trajo un croissant del buffet que por cierto, allĂ se quedĂł, tieso en el armario del mini-bar por el resto de los dĂas. De nuevo a ponerse el disfraz y bajar al hall a la espera de que nos recogiera el bus para subir de nuevo a las pistas de Grandvalira.
Me encontraba mucho más animado y dispuesto que el dĂa anterior. Tan sĂłlo pensaba en divertirme y aprender a esquiar un poco mejor aunque sin prisas ni presiones. Al salir a la calle observĂ© que la meteo no estaba tan mal como habĂa predicho nuestra guĂa. Al menos, eso parecĂa desde la capital. Durante el trayecto en el bus y mirando las montañas, el paisaje se veĂa bastante nublado aunque algunos claros se iban apareciendo. Al llegar a las pistas observĂ© que la cosa no estaba nada mal para esquiar por la parte baja, pero para los expertos en la parte alta no se veĂa un carajo.

Aspecto de las pistas a primera hora
Aspecto de las pistas a primera hora
A la manta…y pa’bajo
Al igual que el dĂa anterior, cálzate las botas y con los esquĂs a cuestas ve hasta las pistas andando como un robot. Le dije a Lourdes que se adelantara ella, que yo me iba a la tienda a comprarme un gorrito para no achicharrarme la cabeza. Eran todos horribles, asĂ que sin comprar nada me dirigĂ directamente a la zona donde estaba mi grupo de novatos con Alejandra ─la monitora─. FuĂ hacia ella para comentarle que a raĂz de mi lesiĂłn muscular en Madrid ─y mi poca resistencia fĂsica─ me mantendrĂa como observador ya que no podĂa seguir su ritmo. Y efectivamente. Aquel ritmo tan lento de aprendizaje no lo aguantaba, asĂ que me subĂ en la manta para hacer mis bajaditas de calentamiento hasta las doce que terminaran las clases y viniera Lourdes a buscarme.

Subiendo por la manta
Estuve un poco más de dos horas subiendo y bajando por la pista verde de principiantes y poco a poco iba cogiendo el ritmo. Mientras, mis compañeros seguĂan aprendiendo realizar virajes en la parte baja de la pista. Me sentĂa muy seguro y estaba deseando que llegara Lou para ir a otra pista más grande. Fue entonces cuando en una nueva bajada vi a una compañera de mi grupo sola y parada en medio de la pista sin saber que hacer. La chica ─creo que se llamaba Silvia─ estaba totalmente desmoralizada porque no terminaba de coger el rollo. Los demás, junto con la monitora se habĂan ido un poco mas lejos siguiendo la clase asĂ que le dije que no se preocupara. Le contĂ© mi crisis del dĂa anterior pero ella seguĂa empeñada en que aquello no era lo suyo y que abandonaba. Le di unas pequeñas indicaciones y nos pusimos a bajar lentamente para que practicara los virajes y el freno en cuña. No pudo frenar y cuando la agarrĂ© para que no acabara en el cubil estampada nos fuimos los dos al suelo. ─Joder que leche mas tonta!─ AsĂ que para descansar y yo hacer algo de tiempo hasta que llegara Lou nos fuimos a tomar algo a la terraza del cubil.
Lo que vino después
Las nubes se abrĂan. El dĂa parecĂa ponerse estupendo pero el sol me pegaba fuerte en la cabeza. En ese momento apareciĂł Lourdes y nos metimos a tomar un caldito. ─Al rico caldito Gallina Blancaaaa!!─ Hablamos sobre cĂłmo nos habĂa ido la mañana y tambiĂ©n sobre la pista a la que irĂamos, pero le dije que querĂa practicar un poco más los virajes antes de lanzarme a la aventura. Y de nuevo nos fuimos a la pista de principiantes. Que si subimos por las perchas, que si por la manta…. pues manta. Ya me estaba poniendo nervioso pensando en lo que me esperaba, aunque la idea me agradaba y mucho. La emociĂłn, ya se sabe…
Bajamos una de prueba y seguidamente dije: ─Vamos a bajar otra vez que no estoy muy convencido─. Lo que yo querĂa era virar en paralelo. Si iba a bajar una pista más difĂcil no querĂa arriesgarme a darme una buena leche, asĂ que fuimos directos a la manta. Mientras subĂamos, Lourdes me daba instrucciones de como hacer esos virajes. Una vez arriba, de nuevo más instrucciones. Ella iba detrás de mĂ y la escuchaba todo el tiempo. Realmente no lo estaba haciendo nada mal. Me agachaba, giraba y me erguĂa y asĂ varias veces pero en nada de tiempo llegamos al final de la pista y me pasĂł por la cabeza un “necesito una más y estarĂ© listo”. Lourdes me dijo: ─¿Otra vez? No. Vámonos ya a la otra que no lo haces mal─. Pero insistĂ. Y aquĂ vino el detalle, o mejor dicho, la gran putada que marcarĂa todo mi viaje. Cuando estábamos en la fila para subir a la manta me vino un dolor horrible en la parte izquierda del pecho. Apenas podĂa respirar. A cada segundo que pasaba me dolĂa más y fue cuando lo vi mas claro que nunca. Supe que mi semana de esquĂ habĂa terminado en ese mismo instante. El dolor se hacĂa tan intenso por momentos que, apenas sin poder respirar nos fuimos directamente al centro mĂ©dico. Estaba realmente jodido. Todo tipo de pensamientos se me pasaban por la cabeza. En primer lugar, sabĂa que iba a Andorra en mitad de una recuperaciĂłn de una lesiĂłn muscular en el pecho. Lo que de alguna manera no aceptaba era que despuĂ©s de la actividad que habĂa tenido esa mañana acabarĂa en el centro mĂ©dico por ese motivo.
El centro médico
Lourdes llevaba mis esquĂs ─la pobre se tirĂł el resto de la semana cargando conmigo y con mis cosas─ y yo la seguĂa como podĂa mientras nos dirigĂamos al centro mĂ©dico. Mi mente seguĂa escupiendo mierda. Estaba muy cabreado y a la vez preocupado porque el dolor era realmente incĂłmodo y desagradable. Al entrar habĂa gente, asĂ que yo no era el Ăşnico jodido por allĂ. Consuelo de tontos. Me tomaron unos datos y a los pocos minutos me hicieron pasar para preguntarme y hacerme una radiografĂa. Les dije que tuve una caĂda ─la de esa misma mañana, que pensĂ©, podĂa haber influido en la lesiĂłn─ asĂ que me hicieron una radiografĂa seguida de oscultaciĂłn para ver si tenĂa alguna rotura de costilla o algo peor. El mĂ©dico parecĂa portuguĂ©s, al menos, tenĂa acento portuguĂ©s pero el caso es que me tratĂł muy bien y fue muy atento conmigo. Le preguntĂ© que pensaba de mi caso y me dijo sin rodeos que mi semana de esquĂ habĂa terminado. ─Joder! eso ya lo sabĂa yo!─ pero en fondo yo querĂa escuchar lo contrario.
Una vez fuera, en la sala de espera, Lourdes ─con cara de descomposiciĂłn─ y yo, esperábamos el resultado de la radiografĂa. Me tomĂ© un ibuprofeno que me hizo efecto bastante rápido pero seguĂa nervioso. Me conformaba con que aquello fuera sĂłlo una lesiĂłn muscular y no algo peor. Me volvieron a llamar y allĂ mismo me dijeron que no veĂan nada anormal. El anormal era yo ─pensé─ Fue un gran alivio psicolĂłgico. Nos quedamos más tranquilos. ÂżY ahora? Pues ahora me cojo el helicĂłptero y me bajo al hotel ─pensĂ© de nuevo para mĂ─.
Yo no querĂa aguarle la fiesta a Lourdes pero ella insistĂa en quedarse conmigo. Y asĂ lo hizo el resto de la tarde. Ni si quiera subimos al comedor sino que nos quedamos en el restaurante de la entrada, lo mas cerca del autobĂşs. TambiĂ©n tenĂa terraza y con el solazo que pegaba no estaba nada mal teniendo en cuenta la situaciĂłn. En resumen, llevaba en Andorra un dĂa y medio, era la una y media de la tarde del martes y yo estaba listo para volver a Madrid.
La hora de comer
De nuevo pedĂ un caldo aunque esta vez me lo pusieron en plato sopero. ─Y otra de Gallina Blancaaaa!─ Yo no tenĂa fuerzas para subir a comer al otro cubil asĂ que definitivamente y en vista de que Lou no me dejarĂa solo decidimos comer algo allĂ mismo. Pedimos una hamburguesa con patatas por las que nos clavaron cuatro mil pelas. Si al menos la carne hubiera sido buena…pero era de perro. Al menos estábamos pegados a la ventana y con las pistas al fondo. El paisaje era bonito. Todos esquiando y nosotros allĂ, obligados ─al menos yo─ a no levantarme de una silla.

Vista desde el restaurante
Habiendo terminado de comer ─y al menos mas tranquilo por mi parte y con menos dolor─ me di cuenta que quedaba mas de una hora y media para coger el bus de vuelta al hotel. Para hacer tiempo, primero nos dirigimos al bus a dejar las botas y los esquĂs. Ya no nos harĂan falta ese dĂa.

…Lou dejando las botas en el bus
DespuĂ©s nos fuimos andando tranquilamente hasta el cubil de siempre con el fin de sentarnos cĂłmodamente en las tumbonas. AsĂ aprovecharĂa para sacar unas fotos y grabar unos vĂdeos. TenĂa que sacarle partido a mi nueva cámara.

Descansando en las tumbonas…

…con el cigarrito

Lourdes tomando el sol…

…y sonriendo
De vuelta al hotel
De nuevo al bus y de nuevo al hotel pero esa tarde yo no serĂa el Ăşnico lesionado al que se le acabarĂa la semana de esquĂ. Helga, la novia de Fernando, haciendo snow se habĂa fastidiado la rodilla. Es lo que tiene esquiar aunque ella se lo hizo ─o mejor dicho, se lo provocaron─ de una forma tonta al salir del telesilla.
Al llegar al hotel, lo primero fue ir a la farmacia para comprar lo que habĂa recomendado el mĂ©dico. Una faja y VoltarĂ©n como antinflamatorio, a parte de ibuprofeno. Una vez en la habitaciĂłn me puse la pomada y la faja. No es que me hiciera mucha gracia pero era necesario ya que al presionarme el pecho sentĂa menos dolor. Esa tarde Lourdes me tuvo que ayudar a quitarme la ropa porque al intentarlo yo solo parecĂa que me iba a romper en dos.

…mi lamentable aspecto. No he podido resistirme a ponerla.
La cena y fin del dĂa
Al subir al restaurante nos juntamos unos cuantos. Comentamos el dĂa en las pistas y todo lo que nos habĂa sucedido con más detalle. Durante la cena pensaba quĂ© harĂa al dĂa siguiente. TenĂa que ver las cosas de la mejor forma posible dentro de mi frustraciĂłn y correspondiente cabreo. PensĂ© que al menos podrĂa descansar y dormir hasta reventar. Y eso harĂa, pero lo relatarĂ© en el siguiente capĂtulo de este viaje. TambiĂ©n tenĂa ganas de darme una vuelta por el centro de Andorra e incluso subir a Soldeu para comer allĂ. Todo en plan relax pero eso dependĂa de como me levantara al dĂa siguiente. Lourdes me propuso quedarse conmigo haciĂ©ndome compañĂa pero ya era bastante desperdicio que yo no pudiera esquiar como para dejar que ella tambiĂ©n sacrificara sus vacaciones metida en el hotel sin hacer nada. Quedamos en que nos verĂamos por la tarde.
Al tumbarme en la cama pensĂ© que no serĂa mala idea ponerme una peli ya que no tenĂa que madrugar al dĂa siguiente. No tuve fuerzas. CaĂ roto de de sueño a la vez que Lou. El dĂa habĂa sido demasiado intenso y no tenĂa fuerzas para mantener los párpados abiertos ni veinte minutos que duraba un capĂtulo de Seinfeld.
Continuará…




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