Al igual que la mañana anterior, Lourdes se había levantado temprano para bajar a desayunar y salir a eso de las ocho y cuarto hacia Grau Roig. Yo, de nuevo, me quedaría sin esquiar ese día. La noche anterior y reflexionando llegué a la conclusión que antes de volver a Madrid quería esquiar de nuevo, así que me propuse pasar ese jueves de turismo por Andorra y el viernes en Grandvalira.

La mañana

Cuando Lourdes salió de la habitación del hotel yo salté de la cama para evitar quedarme sopa. Apenas había dormido cuatro horas esa noche. Sabía que tenía que prepararme para salir y aprovechar todo lo posible esa mañana. Mientras me daba una larga ducha decidí que lo mejor sería salir por el centro de Andorra a desayunar para después darme una vuelta por Caldea, las tiendas y sobre todo, informarme de los horarios de autobuses que subían a Soldeu.

Rápidamente me puse en marcha. Comprobé al salir del hotel que hice bien no sólo en ponerme la faja, sino también la bufanda ya que a pesar de estar el cielo muy despejado hacía bastante frío. Me dirigí a la parada de los buses gratuitos que se movían por Andorra la Vella. Pasaban cada quince minutos así que cuando me di cuenta ya estaba subido en uno de ellos. Eran mini-buses para unas veinte personas. En menos de cinco minutos ya estaba en pleno centro justo donde yo quería, que era la avenida Merixell. Que tiempos y que recuerdos. Hacía seis años que no pasaba por allí pero me acordaba perfectamente. Sin entretenerme me fui en busca de un bar para desayunar. Pasé por delante de un Lizarrán. Me acordé de que al llegar a Andorra la vez anterior, el Lizarrán fue uno de los primeros sitios a los que entré para tomar algo y hacer unas llamadas de teléfono. Pero esta vez no sería lo mismo. Ni siquiera el paisaje lo era. Yo asociaba todo aquello a verlo nevado, así que me dediqué a buscar otro lugar donde tomar algo caliente. Di unas cuantas vueltas ─bastantes diría yo─ hasta que encontré un lugar donde desayunar. En el bareto apenas había gente. Me senté en la barra y pedí un descafeinado con un croissant que me sentó bastante bien teniendo en cuenta que, entre el cansancio, el dolor del pecho y las vueltas que estaba dando ya me estaba mareando. Necesitaba meterme algo urgente en el estómago.


Saliendo el sol sobre Andorra

Por el centro de Andorra

Ya teniendo mejor cuerpo salí del bar y lo primero fue ir hacia Caldea. El sol empezaba a salir a través de las montañas y a su vez subía la temperatura. Hacía una mañana estupenda para pasear. Estuve un buen rato sacando fotos. También estuve muy cerca del hotel en el que me alojé seis años atrás, en la zona de Escaldes. Visité alguna tienda que otra pero sin ánimo de comprar nada. Pensé que en caso de comprar algo lo haría con Lourdes esa misma tarde o al día siguiente. Ahora caigo en que me paré a observar mas tiendas de esquí que tiendas de electrónica. No hacía más que pensar en que este no sería el último viaje que haría para esquiar.


Por el centro de Andorra


Por el centro de Andorra


Llegando a Caldea

Miré la hora y al ver que se acercaba el mediodía me fui a la oficina de turismo que está justo detrás del comienzo de línea de los buses gratuitos. Mi plan era subir a comer a Soldeu y si me daba tiempo, continuar a Grau Roig para ver a Lourdes y bajar con el grupo en nuestro bus.

La chica de la oficina de turismo que me atendió me facilitó un folleto con los horarios. Como pensé que era muy pronto para ir a Soldeu y comer allí, decidí pasar antes por el hotel para coger las gafas de sol. De nuevo mini-bus y al hotel.

Cuando llego al hotel me encuentro que ya habían limpiado y recogido la habitación. Lourdes estaría contenta esa tarde ya que me pidió que por favor, aunque me quedara durmiendo, procurara dejar pasar al servicio de habitaciones. También que ventilara un poco la habitación por la peste a tabacazo. Pues nada, con la puerta abierta de la habitación y de la terraza me encendí un cigarro, cogí las gafas, me ajusté la faja y de repente alguien de mantenimiento entró para arreglar la cisterna del baño que se quedaba algo abierta y debía gastar un montón de agua. En cuestión de cinco minutos estaba solucionado el problema y aproveché para irme después que se fuera el hombre.

Bajé al salón de la planta baja y allí me encontré con otra chica del grupo que el día antes también se había lesionado la rodilla. Me preguntó que iba a hacer y le dije que no estaba dispuesto a quedarme el hotel mirando las musarañas y que me iba en ese momento a Soldeu para dar una vuelta y comer. Dicho y hecho, de nuevo a la parada del mini-bus aunque esta vez sería un autobús de línea el que me llevara de nuevo al centro. Durante el trayecto me llamó Lourdes al móvil y le comenté que estaba yendo al centro para coger el bus que me llevara a Soldeu. El siguiente detalle haría que mi fama de “el charlas” diera frutos. Lourdes me comentó que podía utlizar el forfait para coger el autobús y me saldría gratis ─hay que tener en cuenta que costaba unos cinco euros cada trayecto─. No llevaba el forfait encima así que de nuevo media vuelta y al hotel a recogerlo. A todo esto, los mini-buses cada vez tardaban más en aparecer ya que a medida que avanzaba el día había más tráfico ─y para el que no lo sepa, el tráfico de Andorra es insoportable─.

Cuando volví al centro de Andorra con el forfait se me ocurrió ir de nuevo a la oficina de turismo a enterarme de cómo iba el tema ese de coger gratis el bus a Soldeu. Ésta vez había un chico. Con acento francés-argentino me contó que sólo podía coger con el forfait los autobuses que tuvieran puesto “SKIBUS” en un cartel. Pues nada, me dirigí al Escale ─el centro comercial que desde la misma puerta pasan los autobuses─ y a esperar. Allí pasaban autobuses que subían a Soldeu pero ninguno con el cartelito de las narices. De repente apareció el chico la oficina de información ─rabia me da no acordarme de su nombre─. Me saludo y me dijo que él iba hasta Encamp. Añadió que si quería subir con forfait hasta Soldeu me podía ir con él hasta Encamp y luego coger el funicular hasta mi destino. Me llamaba la atención subir en el FuniCamp pero no estaba para muchos trotes. Además la subida es de acceso a pistas y yo no iba a esquiar. Estuvimos charlando un buen rato allí mismo. Le conté un poco sobre mi experiencia currando en el hotel de Soldeu. Cuando le dije que era canario me preguntó qué cojones hacía viviendo en Madrid con lo bien que se vive en las islas ─ya que él las conocía─. Me contó entre otras cosas que había estado currando en Francia unos años y en varios lugares más pero ahora que llevaba bastante tiempo en Andorra echaba de menos París y volvería en breve. Llegó su autobús y nos despedidos con un “hasta la próxima” y es que nunca se sabe. Me agradó conocer a este personaje.

Subiendo a Soldeu

Con las gafas de sol puestas y escuchando a los Govt’ Mule contemplaba el paisaje dentro del autobús durante el trayecto a Soldeu. El cielo estaba totalmente despejado. Me sentía algo nervioso porque de nuevo volvería a pasear por el lugar donde viví una experiencia ─por una parte muy dura─ pero por otra parte muy positiva. Como siempre, de lo malo tiene que salir algo bueno.

Al llegar, lo primero que hice fue contemplar la calle principal ─y casi la única─ que es eje del pueblo. Realmente era como estar en una especie de pueblo tipo Dr. en Alaska. ─Que pena que no estuviera nevado!─. Ahí estaba el hotel con su cuesta en el lateral que llevaba a la cocina. Cuantas veces habré bajado esa cuesta repleta de hielo y nieve subido en los contenedores de basura ─que bonito─. Esa es la única forma de esquiar que conocí cuando trabajé allí. Aunque la cuesta no sólo lleva a la cocina, sino que también tiene una puerta en la que bajando por una escalera de caracol muy cutre se accede a la zona de los empleados. Antes de aventurarme a comprobar si quedaba algún conocido en el hotel me fui hacia la parte del parking, desde donde se podían contemplar las pistas de Soldeu. Saqué la cámara para grabar y fotografiar las montañas nevadas. La tarde se presentaba estupenda.


La famosa cuesta en el lateral del hotel


La calle principal de Soldeu


Las pistas de Soldeu


Las pistas de Soldeu


Las pistas de Soldeu

Di un nuevo rodeo hasta llegar a la cocina de mi antiguo hotel. Nada mas echar un vistazo por la ventana una cabeza se dió la vuelta y me miró fijamente. Echó una sonrisa y se dirigió a la puerta. No me lo podía creer! Era uno de mis antiguos compañeros de cocina! Nos saludamos con gran sorpresa después de tanto tiempo. Nos pusimos al día muy brevemente ya que le reclamaban para su tarea. Me contó que él junto con otros dos compañeros que no se encontraban allí en ese momento eran los únicos “supervivientes” desde mi marcha. Por ejemplo que Antonio, uno de los cocineros con el que trabajé, ahora estaba en La Palmera ─un bar en frente del hotel─ pero que le vería si me pasaba por la tarde. A lo mejor no viene al caso pero relataré una pequeña historia sobre Antonio la cual ha hecho no olvidarme de semejante personaje. Antonio es un vasco ya entrado en años pero muy cachondo y muy grandote ─a lo largo y a lo ancho─. La nochevieja que pasé allí fue jodida teniendo en cuenta que no estaba de vacaciones precisamente. Estábamos currando como cabrones y se acercaban las doce de la noche. Entonces, a diez minutos de finalizar el año, Josep ─el chef─ nos dijo que nos fuéramos de una vez al salón que habían preparado para los empleados. El salón era muy grande y al fondo estaba Antonio con una radio para que pudiésemos escuchar las campanadas. Como aquello no se escuchaba una mierda el tío se levantó y con toda su pachorra se fue a la cocina. Apareció con una paellera gigante y un cucharón. El descojone fue general, pero esa noche por sus cojones todos comeríamos las uvas al ritmo de las campanadas.


Parapentistas sobre las montañas

Después del agradable encuentro que acababa de tener pensé que necesitaba sentarme y relajarme así que fui directo a La Palmera ─para mí siempre ha sido el Brick de Soldeu pero sin Holling y Shelly detrás de la barra─. Tomé una cerveza y como había hambre, una hamburguesa. La chica que me atendió me llamó la atención . Tuve la sensacion de conocerla de algo. Le pregunté y efectivamente, también habíamos trabajado juntos en el hotel. Le pregunté por Antonio y me dijo que le habían tenido que echar de La Palmera porque no cabía en la cocina ─era broma, claro─. Joder que ataque de risa me entró. Añadió que si le quería ver que esperara hasta las cinco. Y no le vería porque para entonces yo estaría bajando a Andorra.


…súper-hamburguesa

Sin apenas hacer la digestión decidí esperar el autobús y subir a Grau Roig para ver a Lourdes, así aprovecharía para bajar directo al hotel con el grupo. Estuve casi dos horas esperando y todos los autobuses que paraban me decían que no dejaban en Grandvalira. Harto de esperar a la intemperie ─empezaba a hacer un frío de cojones─ cogí el bus que me llevaría a Andorra y de nuevo mini-bus para ir al hotel.


El Aspen, otro garito de Soldeu


Bajando a Andorra


Muñeco de nieve frente a la oficina de turismo

Al final Lourdes llegó antes que yo al hotel. Nos pusimos al día y le conté todo lo que había hecho. Me pareció increíble para lo jodido que estaba con la lesión. Imaginaba que al día siguiente estaría resentido de la paliza que me había dado. Decidimos quedarnos en el hotel descansando hasta la cena. Para relajarnos nos pusimos el Compex ─un aparato que te da masajillos─ así que nos tumbamos a disfrutar de las descargas del cacharrito.


Lourdes, guapísima después de un intenso día de esquí


En la terraza de la habitación


…auto-foto haciendo el ganso

La cena

Había que estar a las nueve y cuarto en el restaurante. Nos juntamos unos cuantos en una mesa y de nuevo al buffet. Esa noche tenía hambre aunque recuerdo que casi toda la semana estuve a base de ensaladas y segundo plato únicamente. El resto ─Lou y compañía─ se ponían ciegos a croquetas. Y no quiero hablar de los postres, que los veías en la mesa antes que la comida.

Por la noche nos acostamos pronto. Yo quería estar descansado para poder esquiar al día siguiente. Era el último día y esperaba poder sacarle provecho. Era una incógnita y es que… ¿me dejaría la lesión esquiar al día siguiente?

Continuará…