18
Mar
2008
Debido a que últimamente estoy bastante ocupado y apenas tengo tiempo de ponerme a escribir he decidido relatar de forma breve los dos últimos dÃas del viaje a Andorra. A parte, tengo otras cosas pendientes de publicar que no me gustarÃa dejar en el tintero. Para terminar esta serie de relatos estoy preparando un vÃdeo que publicaré en unos dÃas. Ahora comencemos el final del viaje.
Esquiar o no esquiar
Cuando me desperté la mañana del viernes Lourdes ya se estaba preparando para bajar a desayunar. Recuerdo el miedo y la intriga que sentà antes de mover una sola pierna para incorporarme y levantarme de la cama, pues no sabÃa si después de la paliza que me habÃa dado el dÃa antes estarÃa en condiciones de poder esquiar algo. No tardé mucho en comprobarlo. Efectivamente me dolÃa, aunque no tanto como imaginaba. Como no podÃa moverme bien me costó muchÃsimo ponerme la ropa de esquÃ. Más bien dirÃa que fue Lourdes la que me tuvo que vestir. Para poder moverme con más soltura tuve que apretarme muy fuerte la faja sobre el pecho. Después de largo rato estábamos listos para bajar a la recepción y subirnos al bus que nos llevarÃa a las pistas.
Fueron unos cuantos los que al verme se sorprendieron de que subiera a esquiar. La lesión que tenÃa no era ninguna broma, pero aun asà yo querÃa intentarlo. No me conformarÃa con llegar a Madrid sin haber tenido de nuevo la sensación de bajar un par de veces por la pista de principiantes.

…a primera hora de la mañana

Las pistas a primera hora
Lourdes tuvo que hacer un gran esfuerzo al llegar a Grandvalira. Ese dÃa cargarÃa no sólo con su equipo de esquÃ, sino también con el mÃo. No podÃa coger nada de peso y eso me hacÃa pensar que cualquier tonterÃa bajando una pista podrÃa agravarme la lesión. Por ello decidà quedarme en el cubil tomando algo mientras Lourdes asistÃa a su última clase. Pensé que era mejor no intentar nada por mi cuenta hasta que llegara ella y me echara un cable.

Lourdes, aburrida de cargar con los equipos
Aunque hacÃa frÃo, la mañana era magnÃfica. Ni una sola nube cubrÃa el cielo. Las máquinas habÃan dejado las pistas como si fuera nieve virgen. El paisaje era estupendo asà que aproveché para sacar unas fotos y grabar unos vÃdeos.
Dentro del cubil
El tiempo pasaba algo lento y mientras que todo el mundo esquiaba yo me encontraba literalmente solo dentro del cubil tomando descafeinados y rellenando encuestas sobre la calidad del servicio. ─Al menos aquà estoy calentito─ pensaba. Entonces un hombre entró para hacer un descanso mientras se tomaba un café y salió a la luz el “charlas” que llevo dentro. Se sentó cerca de mi mesa y cuando me di cuenta ya estábamos charlando. Estuvimos unos veinte minutos más o menos hablando sobre la experiencia de cada uno en el esquÃ. A diferencia mÃa, el hombre llevaba unos treinta años esquiando.

…dentro del cubil
Cuando me quedé solo de nuevo eran casi las doce. Eso significaba que Lourdes terminaba el curso y aparecerÃa en breve. Salà a la terraza para esperarla y cuando apareció nos fuimos de nuevo dentro a tomar algo. Era su descanso. Me contó que la mañana de esquà habÃa sido muy buena, sobre todo por el buen tiempo que hacÃa y además ya les habÃan dado los diplomas. El mÃo ni lo pude oler teniendo en cuenta que abandoné las clases cuando apenas habÃa pasado una hora.
A esquiar
El momento de esquiar se acercaba. Me ajusté la faja y salimos hacia las pistas. Apretamos botas y subimos por la manta. No fue nada mal. Bajé sólo dos veces y rÃgido como el palo de una fregona pero no tenÃa otra forma. TenÃa que elegir entre eso o acabar mal. No querÃa arriesgarme más al menos hasta la tarde. Qué sensación tan buena. Cuando ves los vÃdeos parece que vas muy despacio pero la realidad es bien distinta aunque estés descendiendo en una pista para principiantes. Nos subimos al otro cubil donde tenÃamos que comer pero antes tocaba la cervecita en la terraza desde la que sacamos algunas fotos mientras yo hacÃa el ridÃculo a propósito poniéndome un gorrito para la nieve.

Lourdes con el mapa de pistas al fondo

Con el mapa de pistas al fondo

…que no falte la cervecita

Lourdes con un magnÃfico paisaje de fondo

Vista desde la terraza

…juntitosss

Cervecita y sol…

Lourdes haciendo estiramientos
Después de comer hicimos exactamente lo mismo que a medio dÃa. La bajadita de rigor y otra de despedida en la que cruzábamos a otra pista, desde la cual fuimos a parar lo mas lejos posible para no tener que andar tanto hasta el autobús. PodrÃamos decir que me despedÃa de la semana de esquà muy contento, teniendo en cuenta el estado en el que me encontraba. TenÃa muy claro que querÃa repetir el viaje al año siguiente.

Lourdes sonriente con su diploma

Haciendo las maletas…
El final del viaje
Por la tarde tocó preparar la maleta de nuevo y durante la cena todo fue como siempre. Estábamos cansados y nos fuimos pronto a dormir ya que al dÃa siguiente saldrÃamos hacia Madrid a las ocho y media de la mañana. Durante una de las paradas aprovechamos para hacernos la foto de grupo.

…durante la parada en Monegros

Foto despedida del grupo
Después de casi nueve horas llegamos a la Plaza de las Ventas, el mismo lugar desde donde partimos hacia Andorra una semana antes.




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