Debido a que últimamente estoy bastante ocupado y apenas tengo tiempo de ponerme a escribir he decidido relatar de forma breve los dos últimos días del viaje a Andorra. A parte, tengo otras cosas pendientes de publicar que no me gustaría dejar en el tintero. Para terminar esta serie de relatos estoy preparando un vídeo que publicaré en unos días. Ahora comencemos el final del viaje.

Esquiar o no esquiar

Cuando me desperté la mañana del viernes Lourdes ya se estaba preparando para bajar a desayunar. Recuerdo el miedo y la intriga que sentí antes de mover una sola pierna para incorporarme y levantarme de la cama, pues no sabía si después de la paliza que me había dado el día antes estaría en condiciones de poder esquiar algo. No tardé mucho en comprobarlo. Efectivamente me dolía, aunque no tanto como imaginaba. Como no podía moverme bien me costó muchísimo ponerme la ropa de esquí. Más bien diría que fue Lourdes la que me tuvo que vestir. Para poder moverme con más soltura tuve que apretarme muy fuerte la faja sobre el pecho. Después de largo rato estábamos listos para bajar a la recepción y subirnos al bus que nos llevaría a las pistas.

Fueron unos cuantos los que al verme se sorprendieron de que subiera a esquiar. La lesión que tenía no era ninguna broma, pero aun así yo quería intentarlo. No me conformaría con llegar a Madrid sin haber tenido de nuevo la sensación de bajar un par de veces por la pista de principiantes.


…a primera hora de la mañana


Las pistas a primera hora

Lourdes tuvo que hacer un gran esfuerzo al llegar a Grandvalira. Ese día cargaría no sólo con su equipo de esquí, sino también con el mío. No podía coger nada de peso y eso me hacía pensar que cualquier tontería bajando una pista podría agravarme la lesión. Por ello decidí quedarme en el cubil tomando algo mientras Lourdes asistía a su última clase. Pensé que era mejor no intentar nada por mi cuenta hasta que llegara ella y me echara un cable.


Lourdes, aburrida de cargar con los equipos

Aunque hacía frío, la mañana era magnífica. Ni una sola nube cubría el cielo. Las máquinas habían dejado las pistas como si fuera nieve virgen. El paisaje era estupendo así que aproveché para sacar unas fotos y grabar unos vídeos.

Dentro del cubil

El tiempo pasaba algo lento y mientras que todo el mundo esquiaba yo me encontraba literalmente solo dentro del cubil tomando descafeinados y rellenando encuestas sobre la calidad del servicio. ─Al menos aquí estoy calentito─ pensaba. Entonces un hombre entró para hacer un descanso mientras se tomaba un café y salió a la luz el “charlas” que llevo dentro. Se sentó cerca de mi mesa y cuando me di cuenta ya estábamos charlando. Estuvimos unos veinte minutos más o menos hablando sobre la experiencia de cada uno en el esquí. A diferencia mía, el hombre llevaba unos treinta años esquiando.


…dentro del cubil

Cuando me quedé solo de nuevo eran casi las doce. Eso significaba que Lourdes terminaba el curso y aparecería en breve. Salí a la terraza para esperarla y cuando apareció nos fuimos de nuevo dentro a tomar algo. Era su descanso. Me contó que la mañana de esquí había sido muy buena, sobre todo por el buen tiempo que hacía y además ya les habían dado los diplomas. El mío ni lo pude oler teniendo en cuenta que abandoné las clases cuando apenas había pasado una hora.

A esquiar

El momento de esquiar se acercaba. Me ajusté la faja y salimos hacia las pistas. Apretamos botas y subimos por la manta. No fue nada mal. Bajé sólo dos veces y rígido como el palo de una fregona pero no tenía otra forma. Tenía que elegir entre eso o acabar mal. No quería arriesgarme más al menos hasta la tarde. Qué sensación tan buena. Cuando ves los vídeos parece que vas muy despacio pero la realidad es bien distinta aunque estés descendiendo en una pista para principiantes. Nos subimos al otro cubil donde teníamos que comer pero antes tocaba la cervecita en la terraza desde la que sacamos algunas fotos mientras yo hacía el ridículo a propósito poniéndome un gorrito para la nieve.


Lourdes con el mapa de pistas al fondo


Con el mapa de pistas al fondo


…que no falte la cervecita


Lourdes con un magnífico paisaje de fondo


Vista desde la terraza


…juntitosss


Cervecita y sol…


Lourdes haciendo estiramientos

Después de comer hicimos exactamente lo mismo que a medio día. La bajadita de rigor y otra de despedida en la que cruzábamos a otra pista, desde la cual fuimos a parar lo mas lejos posible para no tener que andar tanto hasta el autobús. Podríamos decir que me despedía de la semana de esquí muy contento, teniendo en cuenta el estado en el que me encontraba. Tenía muy claro que quería repetir el viaje al año siguiente.


Lourdes sonriente con su diploma


Haciendo las maletas…

El final del viaje

Por la tarde tocó preparar la maleta de nuevo y durante la cena todo fue como siempre. Estábamos cansados y nos fuimos pronto a dormir ya que al día siguiente saldríamos hacia Madrid a las ocho y media de la mañana. Durante una de las paradas aprovechamos para hacernos la foto de grupo.


…durante la parada en Monegros


Foto despedida del grupo

Después de casi nueve horas llegamos a la Plaza de las Ventas, el mismo lugar desde donde partimos hacia Andorra una semana antes.

 

~ FIN ~